No me formé como escritora. Empecé a escribir mientras enseñaba literatura. Al principio pensé que eran gajes del oficio, una moda pasajera. Luego me di cuenta de que era algo más. Historias que contar. Historias que tengo que convertir en palabras, y que me dan forma en el proceso. Desde hace treinta años, he experimentado de primera mano que la literatura es un laberinto, un refugio, un patio de recreo. Infierno. El purgatorio. El paraíso.
El sitio web contiene cookies
Al continuar leyendo, aceptas que nuestro sitio web utilice cookies para mejorar tu experiencia de usuario.