Ildikó Kégl

Kégl Ildikó

Ildikó Kégl

Es autor de Resbalón italiano - Diario de un linchamiento, El olor de la vida - Relatos psicológicos, Tres paradas de autobús de la felicidad, Pensamientos objetivados y Cavar, azadón, papel matamoscas.

Es autor de Resbalón italiano – Diario de un linchamiento, El olor de la vida – Relatos psicológicos, Tres paradas de autobús de la felicidad, Pensamientos objetivados y Cavar, azadón, papel matamoscas.

Sus novelas son una evocación de lo que en realidad son conflictos humanos eternos, las situaciones espirituales y relacionales siempre verdes y dolorosamente comunes que se presentan como problemas de actualidad. El rasgo distintivo de sus novelas es el entrelazamiento de tres valores: en primer lugar, la evocación de las situaciones espirituales y relacionales siempre verdes, dolorosamente comunes, de nuestros siempre verdes, de hecho, eternos conflictos humanos, presentados como problemas del momento. El segundo valor es la autenticidad psicológica, el conocimiento que le permitiría escribir en forma de ensayo lo que, sin embargo, presenta como un relato corto, para alcanzar la resonancia emocional de sus lectores. Utiliza términos psicológicos con una facilidad asombrosa; por ejemplo, en uno de sus relatos cortos cita a una mujer rubia «regresivamente sensible» que en realidad es morena, pero cuya fragilidad, debilidad y «blandura» pronto se ponen de manifiesto. Queda claro por qué es regresiva y sensible. La escritura de Ildikó Kégl es casi psicológica, por ejemplo sobre el hombre que era «demasiado bajo para la felicidad». En su protagonista conocemos la infelicidad fatal y la tragedia de su falta de confianza en sí mismo. ¿Reconocemos en el hombre incapaz de aceptarse a sí mismo y en la pareja que le ama sin remedio, situaciones similares en nuestras vidas, figuras familiares o incluso nuestros propios talones de Aquiles? Ildikó Kégl se ocupa hábilmente de esta confrontación. Sus mensajes se filtran en el corazón a través de pasadizos secretos tan sutiles que sólo notamos el efecto cuando tomamos postura, resonando emocionalmente. Su tercera virtud literaria es la honestidad personal. Intuimos, sabemos, «leemos» de las luchas de los héroes de los relatos con ellos mismos la importancia de la autoaceptación, la confianza en uno mismo y el valor en el mundo personal del escritor. Se trata de un compromiso honorable, valiente y ejemplar. ¿Hasta qué punto puede el protagonista de «El cuento de la túnica de lana» reparar su pérdida y llevársela en el calor de los recuerdos nostálgicos de los deseos abandonados? ¿Cómo puede la mirada autocomplaciente que se mira en el espejo día tras día defenderse del sentimiento de autojustificación?

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